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EL DIABLO: ES UNA PERSONA NO_HUMANA?

 

El Diablo: Mito o Revelación Divina?

 

Mucho se ha hablado del diablo y de sus ángeles en la religión cristiana, y aun, en las no cristianas. Si hay algo que tienen en común las religiones del mundo, es sobre la creencia en la existencia de poderes espirituales maléficos y benéficos. No obstante, hay quienes sostienen que la fe en el diablo es pura superstición, y por tanto, es una creencia originalmente pagana. Pero, ¿podría ser la creencia en el diablo y los demonios pura superstición pagana, sólo por el hecho de que los paganos creían en ellos? Es bien sabido, por ejemplo, que las religiones paganas tienen dentro de sus tradiciones, la existencia de un diluvio universal. ¿Diremos, entonces, que el diluvio es pura superstición o una mitología pagana, simplemente porque los paganos Mayas, Asirios, etc, lo aceptaron o creyeron? Además, ¿diremos que los sacrificios de animales del Antiguo Testamento tienen un origen pagano sólo porque los paganos también ofrecían animales en sacrificio a sus dioses? Si, los hebreos también ofrecían sacrificios de animales a Su Dios, pero ello no quiere decir que los hebreos eran paganos. Los Incas creyeron que una pareja de esposos  fundaron el Imperio Inca. Es decir, que dos personas (Manco Cápac y Mama Ocllo) dieron origen a la raza Inca. ¿Diremos que la historia de la primera pareja humana: Adán y Eva, tiene un origen pagano, simplemente porque los Incas paganos también creyeron que una pareja de esposos fundó su imperio?

 

Lo cierto es que la Biblia habla del Diablo como una persona cósmica que tienta, seduce, miente, asesina, arrebata, engaña, confunde, contradice, etc. Negar esta verdad es negar la inspiración de las Santas Escrituras, las cuales nos hablan de un ‘Satan’ (en Hebreo= el obstructor” ) o ‘diabolos’ (En Griego = ‘Diablo’ = adversario, calumniador). En el Nuevo Testamento el príncipe de este mundo de espacio (kosmos), y de tiempo (aión), es el diablo; en contraste con Jesús, cuyo reino no es de este mundo.

 

Apelativos del Ángel Caído

 

El apelativo más usado para el diablo es “espíritu maligno”, nombre que sumado a su forma singular y plural se halla 76 veces. Luego sigue con 63 casos y casi siempre en plural el término “demonio”, del griego daimónion, y que indicaría la acción maléfica que inyectan esos malos espíritus en oposición a los buenos ángeles. También aparecen “Satanás” y “diablo” 36 veces cada uno. Estos son los 4 nombres más usados en el Nuevo Testamento para señalar a los malos ángeles en 211 textos bíblicos. Y sumado a esas 211 citas donde aparecen esos 4 términos para los ángeles caídos, hay por lo menos otros 300 textos bíblicos donde aparecen indistintamente los nombres acusador, dios de este mundo, el enemigo, el tentador, el malvado, homicida desde el principio, padre de la mentira, pecador desde el principio, príncipe de este mundo, serpiente, espíritu malo, espíritu inmundo, espíritu impuro, etc. 

 

El Diablo Según los Teólogos Contemporáneos

 

El Diablo, según las Escrituras, pretendió hacer caer a Cristo en el desierto, pero fracasó. Pretendió que Cristo fuera asesinado reiteradamente y busca que sus seguidores se rebelen contra la autoridad de Cristo. También se le presenta como aquél que obsesiona y posee a los hombres, e induce al pecado. Se puede afirmar, como dice Jeffrey Burton Russell, que hay una “experiencia del Diablo”, así como existe una “experiencia de Dios” (1). También Burton Russell añade: “Negar la existencia y la importancia central del Diablo en el cristianismo es contravenir las enseñanzas apostólicas y la evolución histórica de la doctrina cristiana...Si el Diablo no existe, entonces el cristianismo se ha equivocado totalmente en un aspecto central, desde sus inicios”. (1b)

 

Por su parte, el reconocido teólogo católico, Corrado Balducci, dice sobre el Diablo, lo siguiente: “Puesto que el demonio pertenece a las verdades reveladas, no es algo opcional, es decir, un algo que podemos descartar, sino una verdad que debemos creer, porque desgraciadamente existe; ciertamente no por culpa nuestra y menos porque lo ha querido Dios, sino sólo y exclusivamente por culpa suya, que en plena libertad de ángel de la luz se convirtió en ángel de las tinieblas” (2).

 

El Teólogo D. Zähringer dice del Diablo lo siguiente: “Desde su primer comienzo y con creciente seguridad ella (la revelación) afirma la existencia de espíritus malignos” (3) Y como dice el teólogo E. Bortone: “Para quitar a Satanás de la Sagrada Escritura habría que rasgar muchas páginas del Antiguo Testamento, y muchísimas del Nuevo, con el resultado de que se harían ininteligibles”. (4) K. Kertelge escribió: “No hay duda de que Jesús, sus discípulos y los autores de los escritos del Nuevo Testamento tuvieron en cuenta la existencia del diablo y de los demonios”(5). El teólogo A. Winklhofer afirmó estar convencido de que el testimonio de la Escritura nos obliga a admitir la existencia de “espíritus personales malos”. En su libro Schweizerische Kirchenzeitung nos dice que la redención de Cristo carecería de sentido si no existiera el diablo. Él estaba convencido, como lo cita en su Traktak, haciendo referencia a A. Lefévre, que “Es difícil creer en Cristo sin creer al mismo tiempo en su adversario, el demonio”.

 

La creencia de un poder Satánico que se opone al poder Divino no es de origen pagano o Persa. El dualismo Persa supone a dos entidades divinas y eternas que se oponen entre sí en una infinita pugna entre ellas: El dios bueno Ahura Mazda enfrenta los ataques de los daevas (demonios), siendo el principal Anro Mainyus (Arriman), el cruel espíritu malo, demonio entre los demonios---Daevanam Daeva--- que combate incesantemente a Ahura Mazda y sus “fieles servidores” como Zoroastro (6). Pero en el cristianismo, este dualismo es moderado, pues considera al Diablo como no eterno y sujeto a la voluntad del Eterno buen Dios. Este Diablo bíblico y sus demonios serán finalmente vencidos y destruidos para siempre (Apocalipsis 20: 10, Hebreos 2: 14). En otras palabras, Dios es más poderoso que el Diablo, aunque a éste se le permite un cierto grado de libertad para probar a los hombres con tentaciones y desgracias físicas y espirituales (Hechos 10: 38). Sin duda, el hombre no es tentado por Dios, pues Él, ni tienta, ni es tentado por nadie (Santiago 1:13). Esa función sólo le compete al Adversario y Obstaculizador----Satán, el singular enemigo de Dios y Su creación.

 

El Diablo, El Primer Pecador de la Historia

 

Juan dice que el Diablo ha estado pecando desde “el principio”: “...porque el Diablo peca desde el principio...” (I Juan 3: 8). Aquí hay pues un misterioso personaje que peca desde el “principio” de algo. En la Biblia encontramos esa palabra en Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Entonces se podría suponer que el Diablo viene pecando contra Dios desde el principio de la creación de los cielos y la tierra (universo), lo cual supondría que él no es una criatura humana sino angélica que vive desde hace millones de años. Recordemos que la vida humana fue muy posterior a la creación del universo. En Apocalipsis 3:14 se habla del “principio de la creación de Dios”, de modo que la palabra “principio” tiene relación con el inicio de la creación del universo. Por otro lado, recordemos que Jesús afirma que el Diablo ha sido homicida desde el principio (Juan 8: 44), haciendo referencia a la creación del Génesis, cuando Abel es asesinado por Caín, un hijo del diablo (1 Juan 3:12). De modo que “principio” puede referirse a la creación del universo, o bien, al principio de la creación humana en la tierra. Si comparamos 1 Juan 3:8 con Juan 8:44, llegaríamos a concluir que “principio” se refiere a la creación humana: Adán y Eva, y cuando éstos engendran a sus dos primeros hijos. Si este es el caso, este personaje, como diablo, no tiene menos de 4 mil años de edad.

 

Es claro que el diablo es un personaje antiguo, de larga data, pues Juan escribe: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:9). “Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años” (Apocalipsis 20: 2).

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 Lo Que Los Padres Apostólicos Creyeron del Diablo

 

Los Padres de la Iglesia se inclinaron decididamente por definir al Diablo como un ángel rebelde y caído. Entre los años 94 y 97 DC, Clemente I, obispo de Roma escribió su carta a la iglesia de Corinto, la cual estaba dividida en facciones. En ella Clemente anhelaba la unidad y la reconciliación, así como el perdón de sus pecados que habían cometido “a instancias del adversario”. Aquí se puede ver una primera mención de un diablo que incita a los creyentes y los divide (7).

 

Las cartas de Ignacio, obispo de Antioquia, martirizado en el 107 DC, son interesantes. Para él el Diablo era el “soberano de esta época”. Habló del conflicto entre los aeones antiguos y los nuevos, entre el reino de este mundo y el reino de Dios. Él sostuvo que el eón o época actual, es perverso; ha sido gobernado por la maldad desde la caída de la primera pareja en Edén. No obstante, la Encarnación ha arrebatado el poder de este antiguo eón, que será destruido finalmente por la parusía, o la segunda venida de Cristo. Jesucristo introducirá un nuevo eón, una nuera era donde habrá una renovación total del mundo y sus habitantes (8). También Ignacio sostuvo que existen huestes de ángeles. Algunos son malignos y siguen al Diablo. Creyó que Dios siempre limitaba el poder y la sabiduría de Satanás.

 

La “Epístola de Bernabé” escrita entre los años 117-119 DC, Bernabé hacía de la lucha entre dos senderos opuestos o de dos reinos. Sostenía que la actual era o mundo es perversa y que está bajo el control del Diablo. En cambio, sostenía que la parusía de Cristo acabará con el reino diabólico para dar paso al reino de Cristo donde imperará la justicia. Enseñó que los ángeles hicieron su elección, y algunos se fueron al mal y con el Diablo, y se convirtieron en ángeles de las tinieblas. Otro grupo más numeroso hizo su elección por Dios, los cuales son los ángeles de la luz. Bernabé sostenía que los ángeles de las tinieblas seducen a los que andan en la luz para llevarlos a las tinieblas, y separarlos del reino futuro de Dios. Él enseñó que el Diablo obsesiona, y posesiona a los hombres para enajenarlos y trata de torcer las voluntades.

 

San Policarpo, obispo de Esmirna, martirizado cerca del año 156 DC, habló de múltiples planes que urde el Diablo contra los mártires, y el uso de torturas prolongadas para hacernos renegar de la fe. Decía que si bien el Diablo actuaba en nuestros corazones, también lo hace el Espíritu Santo. Policarpo decía que “quien tuerza las palabras de Cristo para acomodarlas a sus propios deseos y diga que no hay resurrección ni juicio es el primogénito de Satanás”. Policarpo creyó que se puede “pertenecer a Dios”, o sea, los creyentes; o “pertenecer al Diablo”, o sea, los herejes.

 

El Pastor de Hermas, escrito en 140 DC, y primer libro cristiano de interés pastoral; el cual tuvo valor de inspirado en la segunda mitad del siglo II, hace hincapié a la batalla entre los espíritus buenos y malos en el corazón humano. Hay dos caminos, uno recto y otro sinuoso; y dos ciudades, la ciudad del Señor y la ciudad de aquellos que se oponen.

 

El Diablo Según Justino Mártir

 

Justino fue el primer padre apologético, y un gran teólogo cristiano. Él fue el primero en tratar el asunto del mal en términos teológicos, y por tanto, ejerció una influencia enorme durante siglos. La “conciencia del elemento demoníaco en el universo fue central en la cosmovisión de Justino” (9).

Tanto para Justino y los cristianos del siglo II, Cristo y la iglesia habían entablado una batalla cósmica

Con el Diablo y sus huestes. Por cierto que Justino era un fiel creyente en los ángeles como criaturas espirituales. Justino creía que Dios designa una nación, área o persona a cada ángel para que rijan el mundo, y el deber de los ángeles es obedecer a Dios, de lo contrario pecan. Para Justino, los gigantes pecadores fueron ángeles de las naciones que faltaron a su deber. Justino no es claro sobre la naturaleza de su pecado, pero creía bastante en la teología de los gigantes lujuriosos. Justino aceptó la creencia apocalíptica de que gigantes engendraron hijos con mujeres humanas. Para él existen dos tipos al menos de espíritus malignos fuera del Diablo: Los ángeles caídos y los hijos que éstos engendraron. Pero en el siglo V desapareció esta creencia de Justino. También Justino equipara al Satanás del AT con la serpiente del Génesis. Creyó que Satanás es el tentador de Adán y Eva, el tentador de Jesús, la serpiente y el príncipe de los demonios. El poder de Jesús se contrapone al poder Satánico, cuya destrucción, para Justino, es una de las principales funciones de la obra de Cristo (Dial. 78, 116: El poder---dynamis--- del Diablo contra el dynamis de Cristo).

 

Justino sostiene que el Diablo supo desde el comienzo de la pasión de Cristo que su condena era inevitable, aunque ha seguido luchando vanamente contra su fatal destino, tratando de destruir la obra salvadora de Cristo en la iglesia. Y lo que hace no tiene perdón porque el diablo no tiene la capacidad ni la voluntad para arrepentirse. También Justino cree que el Diablo tentó a Cristo, pero al no lograr corromperlo, se ha dirigido a obstaculizar su obra dividiendo a la comunidad cristiana y conduciendo a los cristianos al pecado. El Diablo, decía él, se vale de nuestras debilidades, de nuestras vidas irracionales, de nuestro apego a las cosas mundanas. El creyó que el Diablo se vale de muchos medios para socavar nuestro amor y fidelidad a Cristo. Provoca sueños y visiones para confundirnos y dominarnos. Los demonios nos hacen confundir las malas leyes con las buenas. También creyó que los demonios nos poseen, que causan enfermedades y la locura. Nos enseñan pecados y nos inducen a practicarlos (Dial. 105). También creía que el instrumento más terrible del Diablo es la persecución. Creía que las autoridades que juzgan y condenan a los cristianos están influenciados por los demonios.

 

La Serpiente Antigua

 

En el Génesis aparece la figura de la serpiente, el animal más astuto que existía en ese entonces cuando Dios creó a la primera pareja humana. Pero para ser justos, es verdad que las palabras ‘Satanás’ y ‘diablo’ no aparecen en este primer libro de la Biblia, aunque en el libro de Apocalipsis la serpiente viene a ser diablo y Satanás (Apocalipsis 12:9; 20:2). Pero, ¿sería esta afirmación una prueba definitiva de que no existe un ángel caído? No necesariamente. No obstante, los que niegan la existencia de un Satanás demoníaco y espiritual, sostienen que quien tentó a Eva no fue, ni un hombre, ni un ángel, sino un animal astuto llamado serpiente. Pero nos resulta muy extraño que la habilidad de hablar y razonar la pueda poseer algún animal que no está hecho a la imagen y semejanza de Dios. Una simple serpiente hablante y pensante nos resulta difícil de creer y aceptar, salvo que esté poseída, o sea una encarnación de un espíritu impuro.

 

De todos modos esta serpiente pudo hablar con Eva y tentarla para que desobedeciera a Dios. No sabemos si esta serpiente estuvo poseída por el demonio, o fue el demonio transformado en serpiente. Pero como dice Giovanni Papini: “La primera apariencia que Satanás cobró en sus encarnaciones terrestres fue la de la serpiente.” Luego dice: “En una de sus visiones, Isaías vio dos serafines con seis alas, que estaban junto al Señor. Pero nosotros sabemos que la palabra saraf significa en hebreo “que quema” y también “serpiente”; y el mismo Isaías la emplea en el sentido de dragón. Es probable, pues, que el nombre de los Serafines—el orden más elevado de los ángeles—derive de saraf, que significa también serpiente”  (10). Lo interesante del caso es que finalmente la serpiente es sentenciada a arrastrarse sobre su vientre, y a comer polvo de la tierra (Génesis 3:14). Nada se dice que sería castigada con la mudez, lo cual resulta extraño, pues al principio la serpiente hablaba y hoy ninguna de ellas puede hablar. Pregunto: ¿Por qué no hablan las serpientes hoy si no se las condenó al mutismo? Esto me lleva a creer que la serpiente fue sólo un instrumento de Satanás, el cual, a través de ella, habló a Eva. El hecho que las serpientes se arrastren tiene como finalidad el recordarnos lo que ocurrió en Edén, y de cómo Dios humilló al tentador por haber hecho lo que hizo en contra de la raza humana.

 

“El Príncipe de este Mundo”

 

En Juan 16:2, Jesús se refiere a un personaje que lo llama: “El Príncipe de este mundo”(el cual) “ha sido ya juzgado”. Por cierto que nuestro Señor no estaba hablando de sí mismo, puesto que también él dijo: “...porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.” (Juan 14: 30). Además, Jesús dijo que “Mi reino no es de este mundo” ( Juan 18: 36). Entonces, es claro que él hablaba de alguien más, alguien que tiene autoridad en este cosmos, y en esta era maligna. Además, este personaje se caracteriza por haber sido ya juzgado. Este hecho indicaría que no es un humano, puesto que los humanos serán juzgados cuando Cristo regrese por segunda vez en persona a este mundo (2 Timoteo 4:1, Hechos 17:31).

 

La palabra griega para “Príncipe” en Juan 16:2 es “archon”, que significa literalmente un gobernante político. Como comenta Burton Russeell: “La palabra griega “archon” significa jefe, dirigente, general o soberano. Quizá la mejor traducción sea el tradicional “príncipe”, del latín princeps, “cabeza principal”, “jefe” o “soberano”. Por el uso que hace del N.T del término “arconte de esta era” y por los demás escritos de Ignacio, puede verse con claridad que archön tou aiönou equivale a diabolos “el Diablo” y Satanás a “Satán” (11). Esto quiere decir que Satanás controla los sistemas políticos de esta tierra. Hay un ejemplo de esto en el libro del profeta Daniel, quien recibió una visión profética la cual no pudo interpretar. Entonces Daniel oró a Dios con la esperanza que recibiría el significado de la misma. Daniel tuvo que orar 21 días y entonces se le apareció el ángel del Señor, quien le dice que fue enviado por Dios para revelarle el significado de la visión. El ángel le dijo a Daniel que él fue detenido u obstaculizado de una manera inusual por “El príncipe del reino de Persia” durante 21 días (Daniel 10: 13). En ese entonces el Reino Persa gobernaba el mundo, y era la potencia mundial de turno. Pero no fue un mero hombre que se interpuso al ángel de Dios, sino otra criatura capaz de enfrentarlo, un ángel caído, uno de los generales de Satán quien controlaba al príncipe de Persia. Este poderoso espíritu detrás del príncipe de Persia se interpuso al ángel de Dios por tres semanas, hasta que Dios mandó a Miguel, uno de sus ángeles principales, para vencer al demonio y permitir el paso del mensajero de Dios hacia Daniel.

 

No obstante, hay quienes niegan la existencia de demonios siendo “creyentes en Cristo”, los cuales dicen que quien se opuso al ángel del Señor fue un hombre con poder, el rey de Persia de turno (¿Ciro?). Pero: ¿Realmente sólo un arcángel pudo vencer a un hombre mortal? Resulta extraño. Además, resulta raro que un hombre pueda oponerse a un ángel de Dios (quien es más que un hombre) por 3 semanas y no poder vencerlo, salvo con el auxilio de Miguel, uno de los principales príncipes celestiales.

 

En Efesios 6: 12 Pablo confirmará nuestra posición doctrinal cuando dice: “Porque no tenemos lucha contra carne y sangre (humanos), sino contra principados, contra potestades, contra los gobernantes de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.                         

 

Aquí hay una clara distinción entre los poderes humanos, y los poderes maléficos (no humanos o espirituales) en las regiones celestes. Por tanto, quienes niegan a los espíritus angélicos caídos debieran explicarnos qué quiso decir Pablo con “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Obviamente no pueden ser humanos en posiciones de poder y autoridad, pues Pablo comienza aclarando que contra los humanos no es nuestra batalla.

 

“El Príncipe del Poder del Aire”

 

Aquí tenemos otra descripción de Satanás como “El Príncipe del poder del Aire” (Efesios 2: 2). La palabra “aire” es la misma para referirse al aire que respiramos, el aire de nuestra atmósfera. Este texto tiene relación con Efesios 6:12 (“poder del aire”= “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”). Aquí no se habla de “tendencias pervertidas en el corazón de los hombres” o de “inclinaciones pecaminosas humanas”, sino de un espíritu (“el Príncipe del poder del aire” o “El Príncipe de la atmósfera”) que opera o actúa en los hijos desobedientes.

 

La interpretación que se da al aire o atmósfera puede ser tanto literal y simbólica. Literal, porque el Diablo y sus demonios saturan nuestra atmósfera con su maléfica influencia. Él está dando vueltas por la tierra, de arriba abajo, para hacer maldades y provocar el caos. El sentido de su presencia se deja sentir hasta en el aire que respiramos. Todo está contaminado y saturado de maldad. En la atmósfera terrestre el Diablo se mueve con sus demonios. Están muy cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, su accionar se hace patente en las extrañas manifestaciones en el aire (ovni, levitaciones, apariciones en el cielo, espíritus fantasmales, luces extrañas, poltergeist, voces celestiales, ángeles de luz, etc). Sí, el Diablo está metido en nuestro mundo, y él es el poder tras el trono de los gobiernos del mundo. El Diablo ha contaminado el mundo con sus filosofías diabólicas, con sus ideales mundanos y vanos, etc. Si, “Nuestra atmósfera está enrarecida con su influencia ponzoñosa”. Estamos respirando “aire de esclavitud y de maldad”.

 

Sin duda Pablo está hablando de un poder que está fuera de uno pero que de alguna manera influye en el sentir interior de los hombres, penetrando en sus pensamientos, actitudes, valores, aspiraciones, etc. De modo que podemos decir que el Diablo es supramundano, pero mundano en su accionar.

 

“El dios de este Siglo”

 

Otro de los títulos para Satanás es: “el dios de este mundo” (II Corintios 4: 4). Según Pablo, un individuo con poder en este mundo ha logrado obscurecer las mentes de los hombres para que no crean en el evangelio de Jesucristo. ¿Quién puede ser este personaje endiosado que ha logrado engañar al mundo entero (1 Juan 5:19)?. Que sepamos, ningún hombre en la época de Jesús engañó al mundo con su maléfica influencia para oscurecer el evangelio de Cristo. Sólo el Diablo, el superángel caído, si lo ha logrado parcialmente, introduciendo falsas corrientes filosóficas y religiosas que han confundido a millones, como por ejemplo, el llamado “gnosticismo” del los primeros siglos de la Era Cristiana, y más adelante, la teoría de la Evolución, la moral relativa, etc (Colosenses 2: 8).

 

Satanás quiso ser Dios, y rebelarse contra Su Creador para recibir la adoración de los ángeles y hombres. Por eso Pablo lo llama como “el dios de este mundo malo”, lo que significa que él tiene seguidores y adoradores. Las religiones falsas son del Diablo, y los que se unen a esas religiones se unen al Diablo. Las doctrinas que allí se enseñan Pablo las denomina “doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4: 1).

 

Es interesante destacar que sólo hay un Dios verdadero, pero también hay un falsificador, un usurpador que funge como “dios”. Pablo no dice en su Primera Epístola a Timoteo que hay “dioses de este mundo” sino uno (en singular): “El dios de este mundo”. Esto indicaría que hay un solo dios perverso en este mundo impío quien es el responsable de todo el mal en la tierra. Si Pablo tenía en mente a los hombres con autoridad y tiranos cuando se refería al “dios del mundo”, entonces él hubiera hablado en plural, y no en singular. Él habló de UN solo dios de este mundo o siglo malo y no más. Pablo no tenía en mente al César del Imperio Romano, ni a ningún otro tirano de la historia, sino a un ángel caído que tiene la astucia suficiente de engañar a todo el mundo con sus mentiras a fin de que los hombres no crean en el evangelio y se salven (Véase también Lucas 8: 11,12).

 

“Vuestro Padre: El Diablo”

 

El diablo es presentado en el Nuevo Testamento como un padre que tiene hijos que están sujetos a él y hacen lo que él dice. Cuando Jesús les dijo a los fariseos: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer...” (Juan 8: 44), lo que tenía en mente es el hecho que hay hombres que se convierten en hijos del diablo porque hacen la voluntad del Diablo. También Jesús afirma que el diablo ha sido “homicida desde el principio”. Sí, desde el principio de la creación del Génesis, el diablo indujo a Caín a matar a su hermano Abel. Ahora nótese que dos versículos más adelante (v.10) Juan dice: “En esto se manifiestan... los hijos del diablo: Todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. Es evidente que todos los que hacen cosas injustas son del Diablo, y están en contraposición con aquellos que son de Dios, los que hacen cosas justas. Los justos son hijos de Dios, y los injustos, hijos del Diablo. Dios es una Persona, y también el Diablo. Ambos tienen sus seguidores, y ambos son “Padres”. Los impíos obedecen y adoran al Diablo, en cambio los justos sirven y adoran a Dios.

 

En 1 Juan 3: 8 el apóstol dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Aquí tenemos a un diablo que peca o que continúa pecando desde el principio, y que tiene influencia sobre los hombres para hacerlos pecar. Este es un diablo que vive sin envecejecer desde hace muchísimo tiempo, cuando muchos seres humanos longevos ya han muerto hace muchísimo tiempo, como por ejemplo, Matusalén.  Ahora, Juan no dice que el que peca es un diablo, sino más bien, es del diablo. Esto es muy interesante, pues indica que el pecador le pertenece a otra persona a la cual sirve y hasta adora, conciente o inconscientemente. Sin embargo, si una persona opta por no pecar para vivir como Dios manda, ésta le pertenece a Dios. Por eso Juan dice: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan  5: 19). 

       

Como se puede ver, Juan habla que la mayoría de la gente es del diablo, y una minoría de ella es de Dios. Uno le puede pertenecer al diablo o bien a Dios. Todo depende de si practicamos el pecado o no. Si el diablo no existe, entonces el pecador en realidad no le pertenece a nadie, pues el diablo sería simplemente un sinónimo del mal, o una personificación del pecado como algo contrario al bien. Y también tendríamos que concluir que el hombre justo no le pertenecería a un buen Dios, pues Éste sería simplemente un sinónimo del bien, o una personificación de la justicia y de la rectitud.

 

El Diablo Incógnito

 

Barnhouse afirma que la estratagema más inteligente del Diablo es hacer creer que él no existe (‘La Guerra Invisible’). El Diablo busca que las hombres nieguen su existencia, y de ese modo hacerles creer que el principal enemigo de ellos es el hombre mismo. Esto sería peligroso de existir verdaderamente un ángel caído poderoso y sutil. Por su parte, el teólogo D. Zähringer bien ha dicho: “...el primero y mayor ardid del demonio consiste en negarse a si mismo. Donde su duda de su existencia o se niega ésta, se le ofrecen los mejores presupuestos para una acción eficaz”.

 

 Sin duda, Satanás se esconde detrás de la música ‘Rock’ con sus mensajes subliminales que incitan al suicidio, al crimen, a la infidelidad, al satanismo, etc. También está detrás de las religiones falsas que endiosan al ser humano y niegan su necesidad de redención. También está detrás del arte, en especial de las pinturas, el cine, etc. En cuanto a las filosofías, éstas están saturadas de materialismo y ateísmo. Millones han sido seducidos por los “grandes intelectuales” de la ciencia, y de las corrientes filosóficas de este siglo. Pablo habló de filosofías demoníacas que engañan a los incautos. Y finalmente, el diablo se esconde detrás de las apariciones fantasmales y fenomenales ( en la forma de ángeles, vírgenes, extraterrestres, etc) trayendo mensajes supuestamente de Dios o de entidades superiores de otras dimensiones. Estas son sus palabras: “Pero el espíritu dice que en los postreros tiempos algunos apostarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4: 1).

                                             

Satanás el Diablo: ¿Personificación del mal?

 

Hay una corriente moderna de teólogos católicos y protestantes que niega la existencia de un diablo personal cósmico y espiritual. Tales exegetas bíblicos sostienen que la creencia en ángeles caídos o también llamados “demonios”, es un mito medieval y de origen pagano. Para el teólogo R. Bultmann, las figuras cósmicas como ángeles o demonios, no les compete una realidad, pues las considera unas figuras míticas. Para Bultmann el pecado es puramente un asunto del hombre. Cuando la Biblia, dice él, habla de “la esclavitud bajo el pecado” (Juan 8:34) quiere decir “esclavitud bajo el diablo” (1 Juan 3:8). Para él, el pecado y el diablo son sinónimos. Es decir, cuando uno peca, uno se convierte en diablo. El diablo para Bultmann es nuestro pecado, o nuestra desobediencia a Dios.

Para el teólogo católico Herbert Haag, el diablo es la personificación del mal. Él escribe: “Satanás es la personificación del mal, del pecado. En todos los pasajes del Nuevo Testamento en los que aparece el nombre de Satanás o del diablo, podemos tranquilamente cambiar esos términos por ‘el pecado’ o por ‘el mal’... La misma función queda resuelta en el vocabulario de Juan con el término ‘mundo’ (Juan 15: 18i;  17: 14). El Nuevo Testamento utiliza, en fin, alternativamente y con el mismo significado los términos Satanás, diablo, mundo, pecado, mal”.

 

Pero el razonamiento de Bultmann, de Haag, y de muchos de sus seguidores es peligroso, ya que de igual forma podríamos comparar, por ejemplo, Lucas 13:18 con Lucas 7:31, y llegaríamos a una conclusión erradísima por cierto. Veamos lo que nos dicen estos dos textos lucanos:

 

“Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?”

                                                                                                                                        (Lucas 7:31)

 

“Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé?”  (Lucas 13:18).

 

 

Entonces, si razonamos como lo hacen Bultmann y Haag, tendríamos que concluir que ‘el reino de Dios’, y ‘los hombres de esta generación’ son expresiones equivalentes. Pero: ¿Podría alguien creer que el reino de Dios esté compuesto por los hombres incrédulos de este mundo? Imposible!.

 

También podemos hacer ese mismo artificio con Santiago 4:7 y 1 Pedro 2:13. Veamos lo que dicen estos dos textos:

 

Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios...”

 

1 Pedro 2:13: “Someteos... al rey como a superior.”

 

Al comparar estos dos textos: ¿Sería lógico concluir que “someterse a Dios” es equivalente a “someterse al rey de una institución humana”?¿Era el rey humano Herodes---Dios?¿Es Dios una “institución humana”? Imposible.

 

Comparemos ahora Romanos 16:16 con 1 Timoteo 3:15 para ver qué resulta:

 

“...las iglesias de Cristo os saludan” (Romanos 16:16).

 

“ .. la iglesia del Dios viviente” (1 Timoteo 3:15)

 

Si comparamos ambos pasajes llegaríamos a la conclusión de que Cristo es el Dios viviente. Pero esta conclusión contradeciría lo dicho por Jesús en Juan 17:3 en el sentido que sólo el Padre es el único Dios verdadero y vivo.

 

Por su parte, P. Schoonenberg  no nos habla de poderes personales, sino de poderes “personalizados” del pecado y de la muerte. Schoonenberg usa como sinónimos la “esclavitud del pecado” y “esclavitud del diablo” como lo planteó Bultmann.  De modo que hay una corriente de teólogos cristianos que niegan la existencia de poderes personales espirituales, los cuales, nunca fueron negados por la iglesia en los primeros tres siglos de la Era Cristiana. Incluso en el Edad Media se intensificó dicha creencia aunque mucho de ella fue distorsionada y mitificada con ideas paganas.                                                   

 

No obstante, la gran mayoría de creyentes católicos y protestantes cree en la existencia del diablo como una figura supramundana, cósmica, angélica, y maléfica. Entre los teólogos que son los grandes exponentes de un diablo personal están Karl Barth, Paul Althaus, Emil Brunner, Otto Weber, Hans Kung, D. Zähringer, Conrado Balducci, A. Winklhofer, J. Burton Brown, y muchos otros de renombre.                                                                      

 

El problema de personalizar o personificar al diablo es que con igual criterio podemos personificar la ‘justicia’ con el término ‘Dios’. Podríamos decir, por citar un ejemplo, que ser “siervos de Dios” (Santiago 1: 1) es lo mismo que decir “siervos de la justicia” (Romanos 6: 18).  Es decir, podríamos concluir que Dios es la personificación de la justicia y no necesariamente una Persona Divina Todopoderosa y Eterna. No obstante, Haag, Schoonenberg, y Bultmann se escandalizarían con esta lógica conclusión, pues ellos jamás pretendieron negar la existencia de un Dios personal y Todopoderoso en sus escritos.    

 

Por otro lado, los proponentes de la personificación del mal sostienen que pueden haber muchos ‘Satanases’, y muchos ‘diablos’ humanos. Por ejemplo, Herbert Haag recurre a 1 Samuel 29: 4 para demostrar que el rey filisteo Aquis, al querer llevar a la guerra al rey David, se convirtió en adversario (Satán) de él en la batalla. Para Haag, y no le restamos razón, todo individuo que se oponga a Dios es adversario (Satán) de él. Además, Haag recurre a 1 Reyes 11: 14, 23, 25 para demostrar que el mensajero de Jehová se convirtió en Satán cuando estorbó el paso a Balaam. Y también es cierto que en el Nuevo Testamento, tanto Judas Iscariote, como Simón Pedro, son llamados ‘diablo’ y ‘Satanás’ respectivamente (Ver Juan 6: 70 y Mateo 16: 23). El hecho de que hombres hayan fungido de ‘Satanes’ o de ‘diablos’ no quiere decir que no exista un diablo mayor y espiritual que actúa adversamente a los dictados de Dios, pues también hubo hombres santos que fungieron de ‘Dios’, como Moisés (Éxodo 7: 1), los jueces de Israel (Juan 10: 34), e incluso Jesucristo (Juan 1: 1), y sin embargo, este hecho no anula la existencia de un Dios Todopoderoso, Espiritual, Justo y Eterno.

 

El teólogo y exegeta bíblico Settimio Cipriani dice de Herbert Haag, lo siguiente: “En conjunto, queda como un intento bastante infantil el realizado en los últimos tiempos por el profesor Herbert Haag, de la Universidad de Tubinga que intituló su libro muy significativamente ‘ABSCHIED VOM TEUFEL’ (‘DESPEDIDA DEL DIABLO’). Nunca se le podrá dar un adiós al diablo, aunque fuera cierta la hipótesis sugerida aquí por el autor, es decir, que Satanás sería la personificación del mal, que sería así dramatizado y corporalizado ante el hombre. He aquí, en efecto, cómo se expresa él como conclusión de sus quizás demasiado rápidas reflexiones exegéticas: ‘Para nosotros, pues, se trata no sólo de preguntarnos si la Sagrada Escritura utiliza la palabra Satanás, diablo, espíritus malos, sino más bien preguntarnos lo que ella quiere decir con esa terminología. El problema del diablo, sigue diciendo Cipriani, “no se resuelve ni simplemente negándolo, porque no encontraría lugar en las categorías científicas de nuestro tiempo, ni reduciéndolo de problema teológico a problema puramente filosófico, y más exactamente antropológico: es decir, la experiencia del mal que hacen los hombres y el porqué del mal en su corazón y en su vida, como efectivamente nos parece haya hecho el profesor Haag y después de él también otros estudiosos católicos” (12).

                                                                         

Judas El Diablo

 

 En Juan 6: 70, 71, Jesús dice a sus discípulos: “¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce”. En esta cita reconocemos claramente que Judas se convirtió en un diablo (adversario) de Cristo. No obstante, Juan admite que otro diablo indujo a Judas a convertirse en un diablo. En Juan 13: 2 encontramos esta sorprendente afirmación con respecto a la caída de Judas: “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase”. Si el Judas-diablo era una persona, entonces el otro diablo que sedujo a Judas a traicionar a Jesús tuvo que ser otra persona. Pero fue esa otra persona: ¿Humana o espiritual? No lo sabemos por el contexto, pero sí por otras citas bíblicas. En primer término, ¿quién podría ser el más interesado en deshacerse de Jesús? ¿Pilato?¿El sumo sacerdote Caifás? ¿U otro hombre en el poder citado en el Nuevo Testamento? No parece posible, ya que el mal proceder de Judas no se inició con el trato que realizó con las autoridades que odiaban a Jesús, sino en el momento en que él se propuso dirigirse hacia los detractores de Jesús.  Si aceptamos la persona del ángel caído Satanás, éste sería el más interesado en deshacerse de Jesús. Y la razón sería  la envidia y el odio que siente éste por Jesús porque finalmente tendrá el dominio del mundo en la Era venidera de justicia, y quien, además, lo derrocará, y lo destruirá en el “lago de fuego” junto con sus demonios. El ángel caído Satanás sabe muy bien sobre la sentencia de Dios registrada en Génesis 3:15, y está muy airado por ello y porque le queda poco tiempo en libertad y con vida (1 Pedro 5: 8). Desde Génesis hasta el Apocalipsis, el destino fatal de la persona del diablo y sus demonios está bien definido (aniquilación total de esos malos espíritus). 

 

El Pedro Satanás                                 

 

Tenemos el caso del Pedro “satánico” o el Pedro “diabólico” como se registra en Mateo 16: 23. Aquí Jesús mismo también se dirige a otro de sus discípulos con el duro adjetivo o nombre “Satanás”: “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás; me eres tropiezo...”.  Es obvio que Pedro estaba obstaculizando el camino de la redención de Jesús. Sin querer se estaba convirtiendo en un adversario del Señor. Pero en Lucas 22:31 Jesús mismo habla que otro Satanás ha pedido “zarandear” a Pedro con sus pruebas duras. Dice el texto así: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte...” Entonces es evidente que Cristo sabía que otro ser había pedido (probablemente a Dios mismo) por Pedro a fin de probarlo como lo había hecho probablemente mucho antes con Job.  Si Satanás fue el sumo sacerdote, ¿a quién le pidió permiso para zarandear a Pedro? El Nuevo Testamento no registra nada en se sentido, es decir, que el sumo sacerdote, o alguna otra autoridad no cristiana, haya pedido permiso a alguien para probar a Pedro con pruebas. Así como un ángel caído pidió a Dios por Pedro para probarlo duramente, a su vez Cristo pidió, rogando a Dios mismo, para que le de fuerzas y fe a Pedro para que pueda resistir en el día malo. Cristo Abogó por Pedro ante Su Padre como fiel Mediador y Defensor de su discípulo.

 

Un Singular Diablo

 

Si bien es cierto que los hombres pueden ser diablos como de hecho se señala en la Biblia, también es cierto que la Biblia habla de un singular y enigmático “Satanás el Diablo, la serpiente antigua”. Veamos algunos ejemplos:

 

1.-  “Fue...para ser tentado por el diablo.” (Mateo 4:1).

2.-  “Al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41).

3.-  “El enemigo que la sembró es el diablo” (Mateo 13:39).

4.-  “Vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44).

5.-  “El diablo ya había puesto en el corazón de Judas” (Juan 13:2).

6.-  “Sanando a...los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38).

7.-  “Hijo del diablo, enemigo de toda justicia” (Hechos 13:10).

8.-  “Ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:27).

9.-  “Estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).

10.-“No sea...caiga en la condenación del diablo” (1 Timoteo 3:6).

11.- “Escapen del lazo del diablo” (2 Timoteo 2:26).

12.- “Que tenía el imperio de la muerte...al diablo” (Hebreos 2:14).

13.- “Resistid al diablo y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

14.- “El diablo, como león rugiente” (1 Pedro 5:8).

15.- “El que practica el pecado es del diablo” (1 Juan 3:8).

16.- “El Arcángel Miguel contendía con el diablo” (Judas 9).

17.- “El diablo... fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:10).

 

Es interesante lo que se dice del diablo en Santiago 4:7 (“Resistid al diablo y huirá de vosotros”), pues este diablo no puede referirse a ningún hombre con o sin poder. Y hay dos motivos: Primero, porque resulta difícil creer que la comunidad cristiana pudiese vencer o hacer huir a alguna autoridad impía, como por ejemplo, a Nerón, Tiberio, Calígula, Herodes, etc, y a sus fuerzas, en el caso de que estos “diablos” los persiguiesen cruelmente. ¿Cómo podría hacer huir a un ejército romano poderoso aquella iglesia perseguida y sufriente que tenía que estar agazapada o escondida y sin contar con armas de ningún tipo? Segundo, Cristo manda a no resistir a los hombres impíos, es decir, a no atacarlos violentamente. Sus palabras son claras: “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” (Mateo 5:39). ¿Cómo entonces armonizar Mateo 5:39 con Santiago 4:7? Es sencillo. Jesús habla en Mateo 5:39 de hombres malos que nos persiguen y nos golpean, y a quienes podemos ver cara a cara. En cambio, Santiago está hablando de un diablo singular, espiritual y cósmico, al cual se le puede hacer huir sólo con la ayuda de nuestro Señor Jesucristo. La Biblia da sobrado testimonio de cómo los espíritus diabólicos temblaban al ver a Jesús. Hemos visto que en el nombre del Señor los demonios cósmicos huyen, literalmente hablando (Lucas 9:49; Hechos 4:12; Romanos 10:13; Mateo 7:22). De modo que podemos decir que el diablo de Santiago no es una persona humana sino cósmica y espiritual, sin lugar a dudas.

 

El otro pasaje que evidencia a un diablo no humano es Efesios 4:27 (“No deis lugar al diablo”). Sería  absurdo pensar que Pablo se estuviese refiriendo a alguna autoridad humana impía del momento con este nombre: “Diablo”, cuando los cristianos siempre eran acusados falsamente y “daban lugar” a ser perseguidos sin piedad durante los tres primeros siglos de la Era Cristiana. Los cristianos se oponían a la adoración del césar de turno y a participar de las prácticas mundanas. Esto era suficiente motivo para su persecución---Era inevitable! Por eso, parecería irónico que Pablo se estuviese refiriendo a aquellos impíos gobernantes como “el Diablo” en una época en que sin motivo alguno los creyentes eran perseguidos y asesinados sin piedad. Siempre había un motivo para perseguir a un cristiano en los primeros siglos del cristianismo. De modo que Pablo tuvo que referirse a otro tipo de diablo, a uno que está al asecho para atacar a los creyentes y en todas las épocas. Pablo no sólo escribió ese versículo para los cristianos de su época, sino para todos los cristianos, incluso para nosotros, que no sufrimos la persecución que sufrieron los creyentes de los primeros siglos. Hoy día no tenemos a un gobernante humano impío que nos persiga como un diablo feroz, pero no obstante, ese texto tiene plena vigencia para nosotros hoy. Y es que tenemos a un enemigo invisible, cósmico, espiritual, que nos asecha diariamente. Este ser es maléfico, astuto, pervertido, maquiavélico, invisible, poderoso, asesino, mentiroso, calumniador, etc. A éste ser le podemos dar cabida si bajamos la guardia. Es como una enfermedad que se desarrolla en nosotros cuando bajan las defensas de nuestros cuerpos. Por ejemplo, un hombre puede dar lugar al diablo si éste, siendo ex alcohólico, va con un bebedor a una cantina para conversar.  Uno puede dar lugar al diablo, si ve películas violentas, o pervertidas. Uno puede dar lugar al diablo si nos asociamos con gente viciosa. El enemigo cósmico aprovechará la ocasión para sugerirnos o impelernos a hacer cosas que nunca hubiésemos hecho en otras circunstancias.

 

El otro pasaje que nos lleva a pensar que hay un singular diablo que mueve los hilos de sus marionetas demoníacas es Mateo 25:41 (“Al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”). Si hay muchos diablos: ¿Por qué aquí se habla de un solo diablo que es arrojado al “fuego eterno” con sus ángeles?¿No deberían ser arrojados allí todos los diablos, y no tan sólo uno, con sus ángeles? Aquí hay un castigo extremo, capital, definitivo para alguien llamado “El diablo”. Pero sin duda aquí no se refiere a ningún humano, sino a algún ser extremadamente impío, maléfico, cruel, abominable, etc. Debe ser un líder, cabecilla, estratega, “el cerebro” de las acciones impías en la tierra y el cosmos. No es un Hitler, ni un Napoleón, ni un Calígula, ni un Herodes, ni un Atila, ni un Stalin, etc; aunque tiene rasgos de todos ellos en su ser. Definitivamente es alguien que merece estar en el “fuego eterno”, y con él, sus servidores angélicos y humanos.

 

Algunas Citas del N.T donde Aparece un Singular “Satanás”

 

1.-  “Estuvo allí...días, y era tentado por Satanás” (Marcos 1:13).

2.-  “Viene Satanás, y quita la Palabra que se sembró” (Marcos 4:15).

3.-  “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10:18).

4.-  “Si...Satanás está dividida contra sí mismo” (Lucas 11:18).

5.-  “Esta hija...que Satanás había atado” (Lucas 13:16).

6.-  “Entró Satanás en Judas” (Lucas 22:3).

7.-  “Satanás os ha pedido para zarandearos” (Lucas 22:31).

8.-  “Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses” (Hechos 5:3).

9.-  “Y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18).

10.-“El Dios de paz aplastará...a Satanás” (Romanos 16:20).

11.- “Sea entregado a Satanás para destrucción” (1 Corintios 5:5).

12.- “Juntaros en uno, para que no os tiente Satanás” (1 Corintios 7:5).

13.- “Que Satanás no gane ventaja alguna sobre vosotros” (2 Corintios 2:11).

14.- “El mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14).

15.- “Un mensajero de Satanás que me abofetee” (2 Corintios 12:7).

16.-  “quisimos ir...pero Satanás nos estorbó” (1 Tesalonicenses 2: 18).

17.- “A quienes entregué a Satanás para que no aprendan a blasfemar” (1 Timoteo 1:20).

18.- “Algunos se han apartado en pos de Satanás” (1 Timoteo 5:15).

19.- “Sinagoga de Satanás” (Apocalipsis 2:9).

20.- “Donde está el trono de Satanás” (Apocalipsis 2:13).

21.- “No han conocido...las profundidades de Satanás” (Apocalipsis 2:24).

22.- “la serpiente...que se llama diablo y Satanás” ( Apocalipsis 12:9).

23.- “prendió al...Satanás, y lo ató por mil años” (Apocalipsis 20:2).

24.- “Los mil años se cumplan, Satanás será suelto” (Apocalipsis 20:7).

 

En los textos #11 y #17, enumerados arriba, Pablo dice que había entregado a Satanás a creyentes que habían blasfemado y fornicado. Pero: ¿Se estaba refiriendo Pablo a alguna autoridad civil o militar del imperio por el nombre de “Satanás”? Si la respuesta fuera afirmativa, ¿pensaremos, entonces, que Pablo estaba denunciando y entregando a sus hermanos en la fe por faltas morales que debían ellos--- en privado--- dilucidar? Imagínese, por un instante, qué insensato hubiese sido que Pablo hubiese entregado a las autoridades civiles anticristianas, a cristianos infieles. Este desatino de Pablo les hubiera dado más motivos a sus detractores para perseguir a los cristianos, acusándolos de inmorales, deshonestos, e impíos. Esto hubiese ido en contra de los mismos cristianos, y ellos mismos hubieran sido objeto de justificadas acusaciones y persecuciones feroces. Ahora bien, el contexto del texto # 11 parece indicar que aquel fornicario había sido disciplinado por Pablo y finalmente expulsado de la grey. Esto significaría que dicho pecador pasaría, del reino de la luz, al reino de las tinieblas, cuyo padre y dios es Satanás, el ángel caído (ver el verso 2). Lo mismo les ocurrió a Himeneo y Alejandro del texto # 17.

 

El Satanás del libro de Job

 

En el libro de Job encontramos la figura de Satanás que aparece como una persona enigmática, seductora, acusadora, y aun, celosa. Mucho se ha discutido sobre este Satanás que se acerca a Dios para cuestionar la fidelidad del fiel Job. Veamos lo que dice Job capítulo 1: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales también vino Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y andar por ella. Y Jehová dijo a Satanás: ¿no has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: acaso teme Job a Dios de balde? ¿no le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová (Job 1: 6-12). 

                                        

Los que creen que este Satanás del libro de Job no es otro que un siervo humano de Dios que pone en tela de juicio la integridad de Job, se encuentran con ciertos problemas. En primer término, no es seguro que este Satanás sea un hijo de Dios necesariamente. Lo que dice el texto es que entre los hijos de Dios que vinieron a entrevistarse con Dios estaba también Satanás. Por ejemplo, yo puedo decir que en la reunión de los obreros de la empresa estaba también el abogado de la compañía. Esto no significa que el abogado sea otro obrero de la empresa, ¿no es verdad? Segundo punto, aquí tenemos a un Satanás velocísimo que se da el lujo de andar por toda la tierra en un tiempo en que ni siquiera se conocía la rueda. Los hombres de aquellos remotos tiempos de seguro demorarían una eternidad para poder recorrer toda la tierra de arriba para abajo, cruzando ríos, mares, desiertos, montañas;  soportando el calor, el frío, el cansancio, la falta de comida y agua; sorteando las fieras salvajes, las tribus paganas, etc, etc. Pero nuevamente aquí hay una persona llamada “Satanás” que no tenía problema alguno para movilizarse permanentemente por el planeta tierra unos tres mil años atrás, y probablemente tampoco lo tenga en estos días.

 

Por otro lado, este Satanás no parece ser un buen y fiel servidor del Señor, y pareciera que tampoco estaba en buenas relaciones con Él. En Job 2: 3 Dios dice algo contra Satanás que lo coloca como un ser despiadado y maligno: “...tú (Satanás) me incitaste contra él (Job) para que lo arruinara sin causa”. De aquí se desprende que este Satanás es alguien funesto, que incita a la adversidad y a la ruina de las personas sin motivo alguno. Este es un ser calumniador, envidioso, altanero, desafiante, mentiroso,  provocador, y acusador. Y esto es precisamente lo que dice la Biblia de Satanás, el gran señalador y acusador de los hombres. Dice Apocalipsis 12: 10: “...porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Esto concuerda con la historia de Job perfectamente, y con la de Josué en Zacarías 3. No obstante, este arrojamiento se realizará cuando Cristo esté por reinar en el mundo por mil años, es decir, cuando vuelva por segunda vez.

 

Se dice que “delante de Jehová” no significa necesariamente estar presente frente a Dios en el cielo. Se sostiene que Josué y los ancianos de las tribus de Israel en Siquem, “se presentaron delante de Jehová” (Josué 24: 1). Aún después, Samuel  a su turno le dijo a Israel: “Preséntense ustedes delante del Señor...” (1 Samuel 10: 19): Igual se nos dice que María, la madre de Jesús, poco después del nacimiento de su hijo, vino al templo de Jerusalén “Para presentarlo al Señor...” (Lucas 2: 22-24). Todos estos ejemplos son usados por los no creyentes del diablo para sostener que hombres pueden presentarse ante Dios en la tierra, sin moverse de ella, o sin necesidad de “volar” al cielo. No obstante, en ninguno de estos casos, ni en otros que puedan existir, encontramos a un Satanás que mantiene un diálogo fluido y directo (sin necesidad de un mediador) con el mismo Dios Eterno. No hay nada en el contexto, ni en todo el libro de Job, que nos pueda sugerir que este Satanás hablaba con un ángel de Dios. En realidad todo parece indicar que Satanás hablaba con Dios mismo. Aquí hay un personaje osado, medio intrigante, celoso, y envidioso de la prosperidad de un hombre de la tierra.

 

Es verdad que Moisés, como un escogido de Dios, habló con Dios en muchas ocasiones. No obstante, sabemos que sus diálogos fueron con los ángeles de Dios que venían en su nombre. Por ejemplo, cuando habló con “Dios” en la zarza ardiente, en realidad está demostrado, por la misma Biblia, que Moisés habló con los mensajeros angélicos de Jehová que venían en su nombre. Además, jamás se le llamó con el nombre ‘Satanás’ a Moisés, ni siquiera cuando rompió las tablas de la ley. Por otro lado, la única ocasión que parece que Dios se dirigió a un hombre personalmente fue en el Paraíso, inmediatamente después de la desobediencia de Adán y Eva. Después el hombre necesitaría de un mediador para llegar al trono de la gracia, pues el pecado rompió la relación hombre-Dios.

 

A los israelitas, inclusive, no les era permitido entrar al “santísimo” (la morada de Dios), sino sólo al sumo sacerdote de Dios. Éste ofrecía sacrificios a Dios por los pecados del pueblo y podía ingresar al santísimo una vez al año (Hebreos 9: 25). Aun hoy Jesús es el único Mediador entre los hombres y Dios, ya que ninguno puede prescindir de Cristo como tal (Hebreos 9: 24). Nótese que este texto de Hebreos 9: 24 prueba que ningún hombre puede presentarse directamente ante Dios, sino sólo el único Mediador, Jesucristo. Él sólo se presenta por nosotros ante el Dios y Padre celestial. Esta imposibilidad de estar “frente a Dios”, cara a cara, fue siempre así desde que el pecado reinó en el mundo. ¿Cómo, entonces, suponer que este Satanás era un hombre que se presentó ante Dios y que pudo mantener un diálogo fluido y directo con Él, cuando a nadie en la tierra se le ha permitido eso, salvo al Hijo de Dios y a los buenos espíritus angélicos? 

 

Satanás en el libro de Zacarías

 

En el libro de Zacarías 3: 1-7 encontramos nuevamente la figura de Satanás. Dice el texto: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás, Jehová te reprenda, oh Satanás...”.  Sobre este Satanás se ha especulado mucho, y hay quienes creen que era alguno de los principales samaritanos que se oponía a la construcción del templo. Pero si esa interpretación es verdad, ¿por qué no se dice claramente eso en el contexto?¿Por qué tanto misterio? ¿No hubiera sido mejor que se dijera claramente que un líder o líderes samaritanos se oponían como adversarios (Satanases) ante el sumo sacerdote? Pero aquí aparece un Satanás que no requiere mayor presentación, pues es harto conocido desde tiempos anteriores, desde la creación, en la historia de Job, en la vida de David, y ahora, en la de Josué.  Por tanto, decir que este Satanás de Zacarías simboliza a una secta llamada de los samaritanos, es forzar el sentido del texto. Definitivamente el contexto de Zacarías no nos dice nada de que los samaritanos eran, en su conjunto, el Satanás de Josué.

 

Jesús Confronta las Tentaciones de Satanás

 

En Mateo 4 tenemos el registro de la tentación Satánica contra Jesús, la cual se produjo mientras Jesús ayunaba por 40 días. Dice así el relato: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo e Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está; No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo lo llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca e ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.” (Mateo 4:1-11).

 

Mucho se ha discutido sobre este incidente de Jesús, de si es una historia literal o simbólica. Se ha dicho que ésta fue una tentación personal de Jesús, sin la verdadera intervención de un tentador cósmico o supramundano. Se ha dicho que esta tentación de Jesús provino de su mismo ser, de su propia inclinación humana al mal y al pecado. Se ha afirmado que él mismo sintió deseos de adelantar su reino mundial, tomando el control inmediato del mundo. Se ha sostenido que él sintió el deseo (se sintió tentado) de probarse a si mismo para comprobar si él era verdaderamente el Hijo de Dios, y si Dios era capaz de intervenir por él. Además, se sostiene que Jesús, por sí mismo, y por su sola voluntad, se fue a la santa ciudad y se paró en el pináculo del templo para probarse. Pero si esto es verdad: ¿Acaso no hubiera sido más fácil, y más directo, por parte de Mateo, que dijera que Cristo se sintió tentado para ser rey del reino de este mundo y hacerse el soberano de esta era, y que quiso, por un instante, tentar a Dios para ver si verdaderamente lo protegería, y así confirmar su filiación divina?¿por qué usar a una tercera persona (el diablo) para decir lo mismo en forma oculta? O, ¿Es que el diablo en verdad sí existe como un tentador personal y cósmico?

 

Si los malos deseos, o las perversas inclinaciones salen de nuestro interior o de nuestro “corazón”: ¿Por qué dice Mateo que el diablo vino--- y no más bien--- que el diablo salió de Jesús? Aquí hay un diablo cósmico, que no reside en uno, pero que puede eventualmente “entrar” en uno a través de las obsesiones (en la mente) y las posesiones ( en el cuerpo).

 

Notemos, además, que al ver Jesús los reinos de este mundo, el diablo no le dijo: “Todo esto es tuyo, sólo tienes que tomarlo”, sino más bien: “Todo esto te daré si postrado me adoras”. Aquí hay uno que ya tenía la posesión del mundo, y que se lo ofrece a Jesús. Pero la condición es que Jesús se rinda al amo y señor de los reinos de este mundo malo. Jesús no podía ser el amo del mundo malo sin condiciones. Él tenía que rendirse y adorar al diablo.

 

Nuestra Lucha no es Contra “Carne y Sangre”

 

El apóstol Pablo fue claro al afirmar que nuestra lucha no es contra los adversarios o “satanases” de este mundo de carne y huesos, o los oponentes humanos de Jesucristo; sino contra los enemigos o adversarios espirituales que se mueven constantemente en los “lugares celestiales” (no en el “corazón” del hombre). En Efesios 6:12 leemos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernantes de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales en las regiones celestes”. Notemos que Pablo dice que nuestra verdadera lucha no es contra los adversarios humanos que nos persiguen o nos quieren matar, sino más bien contra las huestes espirituales en las regiones celestes. Pablo sin duda creía en adversarios maléficos y espirituales de diferentes rangos en los lugares supramundanos o “atmosféricos”. Este pasaje contradice la hipótesis que Satanás y el diablo son dos palabras para personificar el mal. Los deseos malos no son espíritus, son inclinaciones torcidas del carácter que pueden conducirnos a la violación de las leyes divinas. Pero los malos espíritus pueden inducir a los malos deseos a través de sugestiones, obsesiones, posesiones, etc.

 

Por su parte, el apóstol Pedro coincide con Pablo, cuando al escribir su Primera Epístola, dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Aquí Pedro habla de un enemigo cósmico que da vueltas por la tierra buscando a quien devorar. Esto nos hace recordar al Satanás de Job, quien venía de la tierra, movilizándose alrededor de ella para luego acusar a Job. Aquí tampoco no hay evidencia contextual alguna de que se esté hablando de un diablo humano en el poder, es decir, de un perseguidor del Imperio Romano o de una autoridad Judía.  Además, los humanos nos pueden devorar en esta vida, pero no en la futura. Es decir, nos pueden matar el cuerpo, mas no el alma. En cambio, este diablo si tiene la facultad de devorarnos y destruirnos para siempre si caemos en sus garras. Por causa de ese maléfico espíritu cósmico podemos perder alma y cuerpo en el infierno (Véase Mateo 10:28).

 

Recordemos siempre que los enemigos que no podemos ver y tocar resultan más difíciles de combatir, pues operan sigilosamente y de sorpresa. No obstante, Jesús ha venido para desenmascarar al Diablo, revelando los estratagemas que éste, y sus demonios, usan contra nosotros (1 Juan 3:8; 2 Corintios 2:11).

        

Satanás: Imitador de Dios

                                                                         

Satanás es un gran imitador de Dios. Desde un comienzo quiso ser como Dios (Isaías 14: 13, 14; 2 Corintios 4: 4) y recibir así, la adoración del mundo entero (1 Juan 5: 19), y de los ángeles. Él reina en esta era maligna, y recibe el servicio de millones de hombres (Mateo 4: 8, 9; 1 Juan 5: 19). También él inspira sus “libros sagrados” de religiones falsas, y filosofías contrarias a las de Dios. Durante el régimen diabólico de Hitler, Satanás usó a este líder nazista y racista en contra del pueblo de Dios, y le hizo creer que tendría un reino milenario. Por cierto que Satanás estaba detrás del trono y pretendió oprimir al mundo por mil años con su falso Mesías. Una burda imitación del reinado milenario de Cristo. Dios le prometió a Su Hijo el gobierno del mundo venidero (Daniel 7: 13, ,14), y así también lo hizo el diablo, ofreciéndole su mundo y sus reinos a Jesús en la tentación en el desierto (Mateo 4: 8, 9).

 

El Diablo también quiere tener su propia iglesia---la Iglesia de Satanás. Sí, hoy en día Satanás es adorado con sacrificios de animales y de humanos. Él tiene su propia Biblia, sus propios mandamientos, sus propios rituales, y sus propias recompensas. Sus mandamientos principales son el odio y las prácticas carnales (sexo, drogas, alcohol, asesinatos, brujería, idolatría, etc).

 

A Satanás le gusta hacer milagros y maravillas (2 Tesalonicenses 2: 9), como manifestarse en la forma de un ángel de luz y de verdad (2 Corintios 4: 4). También puede hacer bajar fuego del cielo, imitando a lo que Dios hizo a favor y en presencia del profeta Elías (comparar 2  Reyes 1: 10, y Apocalipsis 13: 12, 13). Igualmente puede materializarse como una virgen bendita, y hasta tomar la forma de Cristo. También es capaz de predecir con alguna precisión algo del futuro usando psíquicos y profetas, y hasta curar enfermedades con la imposición de manos por parte de “curanderos” y “médicos psíquicos”.

 

 Y finalmente, el diablo imita el advenimiento de Cristo enviando a un “inicuo” (el Anticristo final) para que engañe a los hombres con maravillas y portentos, aunque será destruido por la verdadera presencia de Jesucristo en gloria (2 Tesalonicenses 2: 9, 10).                   

 

El Pecador Consuetudinario es del Diablo”

 

Satanás el diablo es presentado como un padre con hijos (Juan 8: 44), y además, si bien la Biblia habla de muchos “satanases” y muchos “diablos”, también es cierto que habla de un singular diablo que es líder de la maldad, un dios, un mentiroso, tentador, seductor, astuto, devorador, maléfico, milagrero, zarandeador, instigador, revoltoso, ladrón, arrebatador, embaucador, estorbador, mentiroso, acusador, calumniador, asesino, intrigante, soberbio, odioso, enemigo, acechador, etc. Ahora bien, según las Escrituras, hay un singular personaje en la Biblia que tiene todas estas características en él, y se le llama Satanás el diablo.

 

Pues bien, este Satanás busca seguidores que se le parezcan a él y para ello él moldea un carácter perverso en las personas a través de sus mentiras. Mentiras filosóficas y valores torcidos son dos caminos que usa él. También pone en el corazón sentimientos bajos y ruines de maldad. Así, él logra cautivar a los hombres con su seductora influencia. Él explota la carnalidad humana. El pinta el alcohol como algo bueno, y también el tabaco. Él promueve el sexo desenfrenado a través de la pornografía. También el promueve la infidelidad conyugal a través de las novelas baratas que bombardean a la TV todos los días. En fin, los que caen bajo su influencia maléfica se convierten en sus esclavos, de allí que Juan tiene razón al decir: “El que practica el pecado es DEL Diablo...” (1 Juan 3: 8). Nótese que Juan no está diciendo que aquel que practica el pecado es diablo o un diablo. No! Lo que dice es otra cosa diferente. Él dice que el que practica el pecado le pertenece al diablo, al singular diablo que es el padre y dios de este mundo impío. Si el diablo es un sinónimo de la maldad o de la personificación de la maldad, o es el mismo pecador: ¿por qué Juan dice que un pecador puede pertenecer al diablo?

 

Por otro lado, como ya dijimos antes en “Vuestro Padre: El Diablo”, uno puede ser de la entidad diabólica espiritual, llamada ‘Satanás’,  o en caso contrario, de la Entidad Divina Espiritual llamada ‘Dios’.  Si el Satanás espiritual no existe, entonces tampoco existe Dios como un Ser Todopoderoso y Espiritual.  Si uno es diablo y Satanás cuando nos oponemos a Dios, entonces uno es Dios cuando practicamos la justicia y obramos con amor y verdad.  Pero esta conclusión, ni es bíblica, ni es posible.

 

Aquí claramente se habla de pertenecer a alguien: A Satanás o a Dios. Ahora bien, hoy continúa la rivalidad del diablo por robarle seguidores a Dios y a Cristo. Por otro lado, Dios ha enviado a Cristo para arrebatarle al diablo pecadores cautivos bajo sus maléficas garras (Colosenses 1:13; Lucas 8:12, 2 Timoteo 2:26; Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8; Hechos 26:18; 1 Timoteo 5:15).

 

 

El Diablo en los Fenómenos Parasicológicos                                                                                                                                                                                                   

                                                                                              

Según el profesor Charles Richet, los fenómenos paranormales (del griego para, al lado de, más allá, por encima de, y normal), son “fenómenos extraños, psicológicos o físicos, debidos a fuerzas que parecen inteligentes o a facultades desconocidas del espíritu”. Éstos se pueden dividir en dos grupos: los subjetivos o psicológicos y los objetivos o materiales. Los primeros comprenden, básicamente, la telepatía, llamada, en general, “transmisión de pensamiento”, y la metagnomía o “videncia”, que consiste en el conocimiento, al margen de la actividad sensorial o racional normales, tanto las cosas sensibles como los acontecimientos pasados o futuros.

 

Los segundos pueden agrupar en 3 categorías principales: La telecinesia, la psicocinesia y la ectoplasmia. La telecinesia (del griego tele, lejos, y kinesis, movimiento) designa, de una forma científica, el movimiento de objetos realizados sin que medie contacto alguno, así como la levitación del cuerpo humano. El fenómeno típico de la telecinesia es el de la mesa, llamada “giratoria”, movida a distancia.

 

Con la telecinesia se halla generalmente vinculada la psicocinesia (del griego psyché, alma, y kinesis, movimiento), que se puede definir como un influjo de la acción del pensamiento sobre sistemas físicos en evolución: por ejemplo, un lanzamiento de dados.

 

La ectoplasmia (del griego ektós, fuera, y plasma, formación) es, al parecer, la formación paranormal, la materialización, mediante el cuerpo de un médium, de órganos aislados, rostros, animales, y seres fantasmales de aspecto humano o humanoide.

 

Los movimientos de objetos sin contacto, o telecinesia, fueron observados mucho antes de la aparición del espiritismo y de la metapsíquica: el fenómeno era conocido en tiempos de Tertuliano, o sea hace unos 18 siglos. Hay muchos registros de telecinesia interesantes como las de los religiosos católicos Teresa de Ávila, Bernardino Realino, Francisco Suárez, y José de Copertino. Las levitaciones de José de Copertino (1603-1663) se produjeron en Nardo, en Asís, en Osimo, en Fossombrone, en Nápoles, en Roma y en cierto número de conventos: La Grottela, el Sacro Convento, etc.

 

Sólo en la ciudad de Copertino hay registradas más de setenta éxtasis corporales de José. Y según la bula de canonización, “no hay santo que se compare a él”. Sus levitaciones consistían en levantamientos con movimientos de traslación. El Papa Urbano VIII fue una vez testigo del fenómeno.

 

Sus levitaciones eran tan frecuentes, que cuando sus hermanos de comunidad lo buscaban por el convento y no lo hallaban, el superior les decía, en son de broma: “Mirad hacia arriba, que ahí lo encontraréis.” El punto aparte es si esta fenomenología en José era de Dios o de los espíritus malignos. Recordemos que los médiumes espiritistas también levitaban por los aires y se podían trasladar en ese estado. Tenemos el caso del espiritista Mister Home, en Londres, (1868), en presencia de Lord Lindsay, de Lord Adare, y el capitán Wyrme.  Los testigos vieron cómo el médium, en levitación, entraba y salía por las ventanas del inmueble sito en el número 5 de Buckinghame Gate, en Ashley Place.

 

No podemos, pues, ignorar las fuerzas ocultas en este mundo malvado. Se ha sabido de niños analfabetos, que poseídos por entidades paranormales, empezaron a hablar en lenguas extrañas, como también hablaron pulcramente idiomas y lenguas conocidos (glosolalia) tales como el latín, el francés, el inglés, el alemán, etc. También se ha visto a personas levitar como los médiumes espiritistas, monjes, y aun fantasmas. También han levitado objetos como mesas, lámparas, libros, botellas, copas, etc, por manos invisibles. Los “espíritus chocarrones o traviesos (poltergeist)” en casas llamadas encantadas o embrujadas no es historia nueva. Se han reportados casas, hospitales, palacios, conventos, etc, embrujados, en donde se manifiestan fenómenos paranormales como es el caso de radios y televisores que se encienden solos, Luces que se prenden y apagan, manchas de sangre que aparecen en las paredes, voces extrañas lamentándose, objetos que vuelan y se estrellan en las paredes, golpes, agresiones físicas y psicológicas a personas que las habitan, cambios bruscos de temperatura dentro de un área de la casa sin motivo alguno, aparecidos sin cabeza, o sin pies, y así por el estilo. Y esto no es sólo de reciente data.

 

Se cuenta que Adrien de Montalembert, limosnero de Francisco I de Francia, anotó el caso sucedido en un convento, en 1528, donde no sólo se producían ruidos extraños, sino que los más diversos objetos eran arrojados violentamente sin mano visible alguna que los arrojara. También Cieza de León cuenta que, en 1594, cuando el cacique Pirza, en Popayán, Colombia, se convirtió al cristianismo, era molestado continuamente por piedras que caían de lo alto. No eran arrojadas por ningún ser humano, sino que caían verticalmente a tierra. Los que presenciaron la conversión del cacique contemplaron con gran asombro, cómo una copa de licor, colocada sobre una mesa, se levantaba en el aire, siendo vaciada, y vuelta a llenar al ser nuevamente dejada en el mueble. También los misioneros jesuitas en Conchinchina, en el siglo XVIII, observaron varios casos, sin encontrar explicación alguna.

                   

Las personas poseídas suelen no sólo hablar en lenguas, sino también pueden predecir el futuro, y manifestar una fuerza descomunal pese a todos los intentos por detenerlo. También suelen odiar la religión cristiana, y el nombre de Jesús.  El exorcismo en el nombre de Jesucristo puede liberar a esas personas completamente de la posesión diabólica. Negar que existen estos extraños fenómenos es querer tapar el sol con un dedo. El sol seguirá pese a todo. Y como dice el Dr. D. Costa, S.P: “Las posesiones han venido haciéndose más raras a medida que se extendía el reino de Jesucristo, pero nunca ha cesado por completo ni entre los cristianos”.

                                                              

Conclusión

 

Mucho se ha discutido del diablo en todas las épocas o siglos. Hoy existe una corriente de teólogos, católicos y protestantes, que se ha propuesto negar la existencia personal y cósmica del diablo, aduciendo que es un mito de las religiones paganas. No obstante, existen muchísimos teólogos renombrados que sostienen la creencia tradicional cristiana de fuerzas cósmicas que están en contra de Dios y de sus criaturas a las cuales la Biblia llama demonios, espíritus impuros, etc.

 

En la Biblia encontramos a humanos que fueron diablos y Satanases, como por ejemplo: Judas, Pedro, y otros. No obstante, este hecho no niega la existencia de un Satanás y Diablo mayor; como tampoco se puede negar la existencia de un Dios Todopoderoso y Espiritual, por el simple hecho de que hombres como Moisés, Samuel, Sansón hayan fungido de dios en una determinada función.

 

El problema de negar la existencia de un cósmico Satanás maléfico, perverso, astuto y tentador, es que motivamos a que las gentes bajen la guardia contra su accionar asolapado y agazapado. Si decimos irresponsablemente que no existe el virus de la polio, millones de padres dejarían de vacunar a sus hijos, y entonces les estaríamos exponiendo a un gran peligro. La obra maestra del diablo es, sin duda, lograr que las personas no perciban su existencia, y que la nieguen por completo.

 

Definitivamente la Biblia presenta a un diablo singular que sabe que el evangelio de Cristo tiene poder para salvar a los hombres de sus pecados y también de apartarlos de su maléfica influencia y dominio férreo. Satanás el diablo es un personaje perverso e impío que conoce quién es Cristo y de quien es verdaderamente Hijo. Su oposición a Cristo no es de balde, él sabe que Cristo significa su ruina eterna, su destrucción total. En Lucas 8:12 Jesús--- al explicar la parábola del sembrador---dice: “Y los del camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven”.  Aquí se nos presenta a un diablo o Satanás creyente, creyente en el poder del evangelio de Jesucristo, pero no se rinde a él. Es más, hace todo lo posible para que los hombres no vean la eficacia salvadora del evangelio de Cristo,  para que no se salven. Definitivamente este personaje no es un hombre incrédulo, pues el incrédulo no cree en el poder salvador del evangelio. Tiene que ser alguien que conoce quien es Cristo y del valor de su palabra. ¿Quien más que el ángel caído Satanás?

 

La parapsicología admite que hay fenómenos muy extraños y sobrenaturales en este mundo que no pueden ser simplemente explicados como fenómenos producidos por el mismo hombre. Hay, de hecho, fuerzas o poderes ocultos que son sutiles y peligrosos que el hombre no podría explicar sin la presencia o existencia de un diablo cósmico.                                                       

 

Bibliografía

 

1.- Brown, J.B.‘Satanás, La Primitiva Tradición Cristiana’, Fondo Cultura Económica, 1986, p.27

1b.- págs 27,28.

 

2.- Balducci, C. “El Diablo...existe y se puede reconocerlo”, Ed. Paulinas, 1991, págs.15,16.

 

3.- Zähringer, C. I. Demoni en A.V., Mysterium Salutis, IV, Brescia, 1970, 790.

 

4.- Bortone, O. (Demonio, en DES 1, pág.7; Satana, en DES II, 1679-80, Satana, Roma, 1978).

 

5.- Kertelge K., Diabolo, demoni, esorcismi in prospettiva biblica, en W. KASPER-K. LEHMANN, Diabolo-demoni-possesione, Brescia, 1983, pag.7)

 

6.-  Paytuvi, C. El Diablo. Editorial Maucci, 1961, págs 69,70.

 

7.- Clemente 51:1 “del adversario”. El NT y los autores cristianos usaban Antikeimenos como “enemigo” o “adversario”.  Véase F.X. Gokey, La Terminología para el Diablo y los Espíritus Malignos en los Padres Apostólicos (Washington, 1961, pgs 68,69; J. Quasten, Patrology, vol. 1, pp. 42-53.

 

8.- “Soberano de esta época”. Carta a los efesios, 17:1, 19:1; a los magnesianos, 1:2; a los romanos, 7:1).

 

9.-  Barnard, L. Justino Mártir: Su Vida y Pensamiento (Cambridge, 1967, pág. 107).

 

10.- Papini, G. El Diablo, EMECÉ editores, 1954, pags 75,76.

 

11.- Brown, J.B. Satanás, La primitiva tradición cristiana, pág. 40.

 

12.- Cipriani, S. Satanás en la Tradición Bíblica, texto de una conferencia dictada en Potenza, págs 1,2, 1988.

 

Otros Estudios Disponibles:

 

-El Reino del Mesías

-La Segunda Venida de Cristo

-Veinte preguntas y Respuestas Acerca del Reino de Dios

-El Evangelio y la Política Mundial

-Las Buenas Noticias de Jesucristo

-Israel en la Profecía

-La Señal de la Venida de Cristo

-El Plan de Dios para el Mundo

-La Restauración de Todas las Cosas

-Tragedia: El Evangelio de Cristo ha sido Mutilado

 

 

e-mail: olcesemario@latinmail.com

 

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